jueves, 29 de septiembre de 2011

DIA MUNDIAL DEL AGUA

De vez en cuando uno debería tomarse un tiempito para pensar y discernir.

No es casual que el mismo 70% de agua que integra nuestro cuerpo sea el mismo 70% del agua que existe en nuestro planeta.

Y como esa coincidencia no es casual, hay muchísimas correspondencias más en nuestra vida, que desconocemos y a las que, alegremente, no le damos la más mínima importancia.

Cuando niña, me crié en el campo, donde obviamente no había agua potable.

Cada casa tenía su aljibe. Era un amoroso receptáculo, al que cuidábamos como a la vida misma, y que con cada lluvia nos daba la alegría de ver crecer su nivel.

Eso aseguraba el agua de muchos días...meses....y tal vez una piedra de cal, se encargaba de mantener a esa agua limpia de impurezas, porque no existían los filtros actuales. Y tal vez las bacterias nadaban encantadas pensando en lastimarnos, pero ninguna de éllas nunca se atrevió.

También nos pasó de estar en el campo, en pleno verano, muertos de calor y sed, y tener el aljibe vacío.

Eso significaba ir con baldes a la casa de algún vecino generoso que no padecía esa "sequía" y volver con aquellos baldes llenos de esa bella y límpida agua.

Perder alguna gota en el camino era una frustración reiterada.

Eso pasó muchas veces en mi casa de afuera. No en la avícola, pero si en la chacra de la que tanto he escrito.

Un día, mágicamente, se estaban haciendo las instalaciones para el tendido de la red en el lugar donde vivíamos.

Nuestra casa quedaba a unas cinco o seis cuadras.

Hablamos con quienes estaban a cargo de la obra y nos explicaron que ese era un emprendimiento patrocinado por el BID, Banco Interamericano de Desarrollo.

Los que estaban en el camino de ese tendido podían acceder al agua. Los que estábamos un poquito más lejos, podíamos, pero a nuestro costo y realmente el costo no era nada barato.

Me instruyeron para que enviara una carta al edil de la zona para que él, a su vez, se la hiciera llegar al organismo que se encargaba de las obras.

Claro...me instruyeron para que, de rodillas, suplicara por el agua y la burocracia se tragara todas nuestras expectativas.

Recuerdo claramente el día que, con un amigo, llevé la carta al famoso en cuestión.

Casi se cayó de patas para arriba.

En alguna carpeta, que ha logrado esconderse en mi casa, tengo copia de esa carta.

Pero si bien ese señor no fue, precisamente, amable, con seguridad la entregó donde debía.

Porque llegó un día en que sentíamos un ruido que no se condecía con el silencio de nuestra zona.
Y salimos a ver y allí, fuimos nosotros los que nos caímos patas para arriba...

Venían haciendo toda la excavación para instalar los caños que traerían el agua, justo...justo...hasta nuestra casa

El día en que conectaron toda esa red fue un día de fiesta en mi casa.

Nos reunimos todos y sacamos fotos. Pasamos un día jugando con ese bien tan preciado y del que habíamos carecido siempre.

Es decir, casi siempre la tuvimos, pero agua potable, tratada y en condiciones de ser bebida, según estos tiempos....no.

Pero es lo mismo que la leche que nos daban nuestras vacas. Era sin pasteurizar...no tenía minerales ni era descremada....era gorda, casi amarilla y también tenía en medio los pastitos que quedaban de las manos del ordeñador...y era una delicia.....en mi niñez, cuando era un cachorro....

Así que...yo puedo celebrar este maravilloso día, en que este elemento esencial, esa agua bendita para cada uno de nosotros, empieza a ser motivo de una futura guerra.

Yo bebí el agua de lluvia y con ella me bañé y lavé mi cabeza...cuando mi cabello necesitaba de nada para estar brillante y hermoso.

Yo bebo en mi País el agua que sale de la canilla, porque es potable, como en pocos lugares de nuestra Tierra.

Y aún y así nos enroscamos en las aguas embotelladas...podrán filtrarlas para sacar milimétricas impurezas, pero es el agua de este lugar y no habrá nadie que me indique lo contrario.

Sí me desploma lo que se pasa en el mundo por su carencia.

Sí trato de cuidar cada vez que abro una canilla y la dejo correr sin control.

Uno va tratando de modificar sus hábitos. Y eso se hace en el día a día.

Ves una foto de un niño deshidratado, seco en vida, y te cortarías la mano que derrocha.

Y creo que en eso estamos muchos de nosotros.

En ser cada vez más concientes de esta Tierra que habitamos.

En saber que los peores depredadores somos los humanos.

Y tal vez la hora ha llegado.

Porque los que ya vamos siendo grandes estamos más cerca de la partida, que de la quedada, y eso nos compromete con los que van a quedarse.

Hoy, mundialmente, es el Día del Agua.

Hagamos que este día sea cada uno de los que aún nos toca por vivir y estemos muy atentos a lo que hacemos.

Debemos ser responsables de nuestros actos.

En los tiempos que se avecinan, será nuestra actitud la mejor herencia que podemos dejar a quienes amamos.

Y recordar siempre que el agua que el cielo nos manda es agua bendita.


(esto fue el año pasado...con lo cual también es este año y los que queden por venir...
el compromiso es el mismo y los buenos recuerdos también...y eso nada lo borra, ni nadie...
aunque se lo propongan....)

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