lunes, 19 de septiembre de 2011

EL DESTINO ME PRESTÓ UNA HIJA


Para Natalia, ese ser lindo por dentro y por fuera
que nos enseña a vivir día a día


Y no eres mi hija.

Pero al fin, sí, hija de mi alma.

Y no te parí porque Dios no quiso.

No me preguntó, no me tuvo en cuenta.

Pero desde nada estuve a tu lado
porque Él ya sabía que tanto te amaba.

Y nos pasó el tiempo.

Y fuiste creciendo

Y desde pañales tus ojos redondos
siempre preguntaron, siempre curiosearon,
fueron aprendiendo

Y ese transcurrir, con tus altibajos
y también los nuestros,
con todo el amor, y el desamor
te han transformado.

Y hoy, de igual a igual, ya eres mujer.

Ya no mi bebita, dulce, redondita.

Sí, mi par, pariente, casi de mi sangre.

Mi hija del alma

(Ya ha pasado mucho tiempo desde que escribí estas
líneas. Natalia ya hace años que es mamá. Y a
veces me resulta doloroso cuando me nombra "tía"
y no "madrina", un título que siempre he llevado con
orgullo)



No hay comentarios:

Publicar un comentario