Claro que en aquellos años, el consumismo no había importado a Papá Noel.Festejar el nacimiento de Jesús, significaba pasar por la Nochebuena, en familia y con amigos.
Y era la época del Arbolito Navideño, adornado con borlas de colores, en cada una de sus ramas el correspondiente algodón, que simulaba la nieve, y las velitas en cada extremo.
Velitas de cera, pequeñitas, como las de los cumpleaños de esos años.
Prenderlas a todas, en el mismo momento, era una tarea titánica, pasible de alguna quemadura molesta pero allá se extremaban todos para poner a brillar nuestro Árbol de Navidad. Y con seguridad se podía!
Esa noche no había regalos. Había una linda reunión, en el medio del campo, alumbrados por faroles y con seguridad, por todas las miradas luminosas de quienes estábamos allí.
El 24, temprano, nos fuimos a la casa de nuestras amigas de siempre.
La mamá de éllas hacía lo que llamábamos, pastel de horno...
Era una masa en la parte de abajo de la asadera, cubierta con dulce de membrillo, una nueva capa de masa..y arriba una filigrana, también de masa, haciendo dibujos gorditos, que era una delicia comer. Y que extraño, nunca se podrán imaginar cuánto!
Y allá nos pusimos a jugar en nuestros juegos.
Computadora....no
Jueguitos de computadora...menos.
PlayStation....imposible imaginarlo...
Nos fuimos a una especie de laguna...pero muy chica...era un lugar muy acotado, repleta de agua de lluvia.
En los costados de esa especie de estanque, crecían zanahorias, espontáneamente.
Para hacer juego con nosotras...eran zanahorias bebés...pequeñitas, anaranjadas, y con su tallo encrespado.
Allí jugábamos ...a los "quinteros".....arrancábamos esas zanahoritas y las atábamos como veíamos que las ataban, quienes, en verdad, las cultivaban y vendían. Y esa era la gente que nos rodeaba...
Obviamente, la verdura se lava para que llegue con mejor cara a donde se la vende.
Y allí nos pusimos, al borde de la lagunita, a lavar los "atados" que habíamos "recogido" de nuestro "campo"...
Alicia era la más chica de todas. Y allí se agachó, siguiendo todas las cosas que nosotras, las más grandes, hacíamos.
Pero, Gladys se paró. Se puso atrás de ella...e hizo el ademán de empujarla a la laguna.
Mi hermana se paró, asustada...y de una se cayó en esa agua compañera que se convirtió en un infierno para todas nosotras, en un solo segundo.
Corríamos alrededor de ese pozo de agua....gritábamos...ninguna en condiciones de hacer nada más que lo que hacíamos...que era nada....
El Ángel de la Guarda de mi hermana estaba, como corresponde, bien despierto.
Y con seguridad fue él quien infló, de un solo soplido, el vestidito de Alicia, que se armó como la vela de cualquier velero conocido.
Y allá mi hermana, sin saber nadar, pero con una vela en su espalda...pataleó lo suficiente como para acercarse a la orilla y pudiéramos sacarla.
Allí vino una historia de risas para nosotras.
Mi mamá, en casa, escuchaba el jaleo que teníamos. Nunca pudo imaginar que esa bellísima Nochebuena que pasamos todos juntos, podría haber sido la peor Nochemala que la vida nos hubiera dado.
Con seguridad, después le contamos.
Mi hermana estaba empapada, completa.
La sacamos disparando. La mamá de mis amigas le sacó rápidamente la ropa mojada y la vistió con ropa seca.
El calzón de mi hermana en ese momento en que podría tener...dos años y medio...era como para un elefante mamá de cincuenta y ocho años!
Todo nos movía a risa.
Tomó un Mejoral y la mamá de mis amigas la puso un rato en la cama mientras toda su ropa se secaba.
Mientras tanto...aquél inigualable aroma del pastel de horno se expandía por la casa.
En la tardecita llegamos de nuevo....a casa!!!!!!!! A nuestra casa....!
Eran unas poquitas cuadras...pero fue la exacta distancia entre la seguridad y la incertidumbre..
Esa fue una hermosa Nochebuena.
Los padres de mis amigas eran bastante mayores que mis padres.
Él...era Yugoeslavo...de aquel Mapamundi que tanto consulté, pero que ya hace muchos años cambió...
Tal vez escriba después sobre ese hombre, alto, fuerte, rubio y de hermosos ojos celestes que se fue muy jóven de este plano. Él también fue todo un personaje.
Y reparo en que, mi vida ha sido, un ir y venir entre las personas que me han rodeado y los personajes que he conocido.
Esas Navidades eran verdaderas Navidades.
El regalo que teníamos era el amor familiar.
No andaba en la vuelta ningún desnorteado gordito, vestido de rojo, y blanco de nieve, haciendo sufrir a sus renos en este verano caliente que normalmente tenemos en estas latitudes.
Igual, comíamos Pan Dulce, Pasas de Uva, Dátiles....turrones...todo lleno de las calorías necesarias para el Hemisferio Privilegiado.
Ahora, hemos comprendido que algo al horno con una ensalada fría, es la mejor compañía.
Cambiamos los dátiles.... por la ensalada de frutas
Y el Pan Dulce.... por un rico helado....
Y en mi casa, al menos, se decretó que ese señor gordo y de barba blanca ya no deje más regalos.
Los decretos, aquí, los hago yo.
Será esto una Monarquía?
Los regalos que aquí se hacen, si en la Nochebuena, son de alguien de la familia que quiere regalar...
Yo, igual, sigo como antes, esperando la noche de Reyes con la misma ilusión de cuando era una niña.
Y levantarme cada 6 de Enero y ver mis zapatos vacíos...junto con el dolor que siento, siento la misma esperanza del próximo día de Reyes....
Sé que un día de estos, mis zapatos tendrán un regalito...y sé que lo disfrutaré como antes disfruté los que los Reyes míos siempre me dejaron...
Con el tiempo me enteré de que...los Reyes eran los padres...!!!
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