Qué magia tenía este día...y cuánta ansiedad se acumulaba en la noche de las vísperas!
Ya desde temprano andábamos juntando el más suave y verde pasto y todavía con la luz del día, poníamos agua en un balde, al que vigilábamos celosamente....no fuera a ser que esa agua fresca y clara fuera a parar a otra garganta que no fuera la de los camellos, que sabíamos llegaban sedientos y cansados!
Dormirse esa noche era una tarea titánica y mucho más para una experta en desvelos, como yo era.
Pero siempre llegaba ese sueño cómplice que te rendía, vencidos finalmente los ojos que insistían en quedarse abiertos de par en par.
Y era precisamente en ese momento en que los Reyes podían actuar sin temores.
El pasto con seguridad paraba en el galpón de los conejos, donde además se guardaba forraje para los animales.
El agua terminaba regando alguna plantita, cercana a la casa.
Era una noche corta. Porque a la demora en dormirnos se agregaba el tremendo madrugón que nos dábamos para ir en busca de nuestros zapatitos.
Y así llegaba un nuevo Día de Reyes y los regalos que nos traían.
Nuestras muñecas, el monopatín, los jueguitos de cocina, con platos y tacitas, y ollassssss!
El infaltable termo y su correspondiente mate con su bombilla.
El famoso pianito, que aquellos Reyes sabios reponían al próximo año si, con tanta aporreada, comenzaba a desfallecer y ya no emitir ningún sonido.
La pequeña plancha, la cocina, igual a las cocinas Volcán que existían en esa época.
De un cartón muy grueso, negro, con perillas, tapa de horno y rejilla, verdes, igualitas a las de verdad!
Nada que ver con las actuales notebooks y netbooks. Ni con los Play Station, ni con los celulares de última generación. Ni con los juguetes manejados a control remoto.
Ni con las heladeras con freezer, horno de microondas, lavadora, lavavajilla, licuadora, cocina.....todas con funciones y timbres que suenan en todas las direcciones.
A aquellos regalos, la vida que le faltaba, se la poníamos nosotras.
Y no digo que fuera mejor o peor. Simplemente era.
No había casitas impresionantes, de dimensiones más impresionantes aún, en donde cabe un adulto sin problemas, y de pie.
No. Había la casita que armábamos en cualquier lugar que se prestara. Cualquier rincón era bueno para llevar todos nuestros juguetes y armarnos la casa.
Y teníamos muchas.
En el galpón de mi abuelo, arriba de las bolsas de ración, en las casitas casi de verdad que se usaban para la recría de las pollas....también teníamos casita aérea!
Y esa se armaba arriba del árbol de guayabas.
Lo bueno de esa casita es que allí también teníamos comida de verdad. Y entre todas las cosas que subíamos era imposible que no lleváramos unas cuantas cucharitas, que servían para cortar por el medio a las guayabas y que luego también servían para retirar esa pulpa dulce y llena de semillitas, que nos comíamos encantadas.
Siempre, y gracias a nuestros queridos Reyes, tuvimos juguetes.
Eso no obstaba para que, llegado el caso, agarráramos cualquier madera, le dibujáramos una cara y la envolviéramos en un rebozo y saliéramos a jugar con esas muñecas tan particulares, cuando adentro de la casa, en un cochecito y bien abrigadas, descansaban las verdaderas.
Hoy decidí hacerme este regalo de Reyes.
Porque ya hace muchos años en que en mis zapatos no hay nada....nada!!!!!
Y como muchas veces actué de Rey Mago, hoy recuerdo con profundo amor a toda mi familia, que fueron los mejores Reyes Magos que hubiera podido tener!!!
Y dejo atrás y para siempre, la enorme nostalgia que me produce el no encontrar nada en mis zapatos en este día.
Y honro, una vez más, la inigualable niñez que me tocó vivir, en la que los humanos y los reyes eran cosa de todos los días, y andaban todos mezclados...!!!
6 de Enero de 2010
En homenaje a mi hermana del alma argentina y a Graciela, intento nuevamente darle forma a este blog. Y cuando digo mi hermana del alma argentina, así sin nombre, lo tiene, pero no quiere que sea conocido...ella igual sabe que es mi amiga del alma y en algún lugar del tiempo nos encontramos para ya no separarnos más...

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