Y bueno. Yo ya lo había dicho antes.
En casa había de todo: perros, vacas, toro, cerdos, yegua, ovejas, aves.....y el "Guacho".
Era nuestro carnero y no sé si la familia lo tuvo desde chico. De no ser así, no se justifica el nombre. Pero criar con mamadera....fue a muchos animales, los que con seguridad seguían a mi mamá como si fuera mamá chancha, mamá perra o mamá oveja!!!!!!!!!!!
Era, inicialmente, dócil.
Y allá nos paseaba en el pequeño carrito que abuelo nos había hecho.
Lo uncían y él, como un señorito carnero nos llevaba de paseo y era una alegría andar por el campo, tratando de llevar las riendas, siempre acompañadas por uno de los grandes de la casa.
Pero el tiempo fue pasando, y nosotras creciendo y junto con nosotras, el Guacho.
Pasó a ser uno de los juguetes preferidos, sólo que este tenía vida real y propia y además, un carácter bien definido.
Sé que nosotros ayudamos a mal formárselo, porque como este bicho respondía a todo lo que le hacíamos, no había oportunidad que perdiéramos para hacerlo enojar y "torear" al carnero pasó a ser un deporte más de los chicos que siempre andábamos en la vuelta.
Y claro, lo habíamos cansado mucho. Porque no había persona que fuera tranquilamente caminando que este animal no insistiera en tirarla al piso.
Y siempre, de algún lado, salía mi papá a los gritos......tirate al suelo...tirate al suelo...!
Igual, estar en el suelo no era nada grato, porque él insistía en topar y seguir topando. Entonces, venía uno grande, que podía con este loco ofuscado y terminaba atándolo y, al menos por un rato, andábamos todos en paz.
En la última repartición de la recría, se estibaban las bolsas de ración.
Ese también era uno de nuestros lugares preferidos.
Porque a veces, el juego era a ras del suelo, pero la escalera que se formaba al ir retirando bolsas, nos permitía tener nuestra "casita" dos o tres pisos para arriba.
Esa repartición tenía una puerta que por fortuna estaba casi siempre abierta.
No era extraño ver pasar al Guacho corriendo atrás de alguna de nosotras y la que iba disparando se mandaba puerta adentro y bolsas arriba.
Allí venía un forzado descanso, porque la que estaba arriba, se quedaba como en misa. El Guacho abajo, también.
Y si no aparecía algún generoso salvador, había que esperar que este carnero se cansara de hacer guardia y se fuera al campo, pero igual de caprichoso que nosotras.... la espera allá arriba se hacía tediosa.
Y cuando no armábamos nuestra casita arriba de las bolsas compañeras, llevábamos todo a unas casitas de verdad que había por el campo, cercanas a la casa.
Se utilizaban para poner a las pollas, pero cuando éllas no estaban allí eran uno de los mejores lugares de juego.
Casita de verdad, con techo, pared de atrás con ventana, y en la parte de adelante, todo tejido y con puerta.
Así que allí nos metíamos y jugábamos por horas.
Pero claro, siempre andaba el Guacho en las cercanías.
Una tarde, el juego era salir de a una e intentar que se acercara cada vez más a la casa.
Había que ser muy valiente para salir a tentarlo.
Y así fuimos saliendo. Primero una....se le acercaba todo lo posible, lo llamaba, lo trataba de espantar....
Después otra, tratando siempre de llamar su atención....todo terminaba en una carrera y una puerta que se abría, amorosa, para guardarnos por un rato, seguras.
Pero como pasó casi siempre, Esther fue la merecedora de no pocos problemas, en nuestros juegos. Y esa vez, pasó como siempre.
Salió en busca del Guacho.
Y él la registró perfectamente. Siguió buscándolo y buscándolo y se le vino...
Pero esa vez la puerta no se abría. Su hermana y yo estábamos adentro y con un susto padre. Así que en lugar de dejarla entrar, aseguramos perfectamente la puerta para que tampoco entrara el Guacho.
Y era como una película cómica...pasaba Esther corriendo y a los gritos y atrás el carnero.....y una vuelta más....y otra....hasta que sentimos los gritos de mi papá....tirate al suelo.....tirate al suelo...!!!
Soy conciente que dábamos mucho trabajo. Pero supongo que los grandes de la casa también se divertirían porque no había muchos rezongos ni llamadas de atención.
Hoy veo a los niños confinados en un departamento y bendigo la libertad en la que nos crecimos.
Los deportes han sido cambiados por las computadoras y, en el mejor de los casos, los niños obesos empiezan a ser un problema.
Nosotras no teníamos un gramo de grasa que sobrara...imposible que no se derritiera si andábamos de la mañana a la noche quemando calorías.
Corriendo adelante o atrás de alguno de nuestros juguetes vivos.
De no ser así, no hubiéramos podido desayunar, en invierno, con huevos, pan y tocino...todo frito!!!!!!!!!
En homenaje a mi hermana del alma argentina y a Graciela, intento nuevamente darle forma a este blog. Y cuando digo mi hermana del alma argentina, así sin nombre, lo tiene, pero no quiere que sea conocido...ella igual sabe que es mi amiga del alma y en algún lugar del tiempo nos encontramos para ya no separarnos más...

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