Siempre tuvimos hamacas.
En la casa de mis abuelos, una de ésas, de bebé. Asiento y respaldo, cuatro palitos y una seguridad para que el bebito no se fuera de boca, al suelo. Exactamente colocada bajo el marco de una puerta, y que no pocas veces se habrá enredado entre los que pretendían pasar por esa misma puerta.
Nunca me caí.
Ya en la Avícola, vinieron hamacas como Dios manda. Las cuerdas y el asiento. Hamacas de grandes.
Enfrente de la casa había un hermoso sauce. Allí mi abuelo Modesto instaló un travesaño, colocado a la perfección y absolutamente seguro.
Y un día, mágicamente, aparecieron en él, apenas separadas, dos hermosas hamacas, iguales. Una para mi hermana y una para mí.
Éllas fueron de esas cosas inanimadas que integraron nuestro mundo y pasaron a ser unas amigas más. Compañeras de juegos y de tardecitas, en donde nos reuníamos y en donde el tiempo era verdaderamente tiempo. Aún el pulso de nuestra Madre Tierra no se había agitado y los días tenían las veinticuatro horas correspondientes. Aunque muchas veces nos parecía que tenían treinta y seis!!!!
Las hamacas eran el lugar de reunión obligado. O porque ese día había pintado un poco de paz, o porque allí nos sentábamos, hamacándonos suavecito, para recobrar el aliento y salir, al momento, como trombas, imparables.
Había días en que nos acompañaban realmente. Y uno de esos días eran los Viernes Santos.
Nos embuía el dolor de La Muerte y pasábamos el completo día.....de luto. Tan chiquitas.....es de no creer!
Entonces, se hablaba bajito....de correr, nada....subirse a los árboles o jugar con el carnero, estaba totalmente prohibido.....
Y allá, como pequeñas viudas, apenas nos hamacábamos, hablando casi por señas, esperando que ese día horrible terminara de una buena vez para que todo volviera a la normalidad.
Y claro, el siguiente era Sábado de Gloria......y de verdad, era una gloria cómo empezábamos a vivir de nuevo, dejando atrás ese día de respeto y silencio que, por respeto, por tradición o por convicción, se respetaba en mi casa.
Y el sauce era otro lugar de reunión, así como lo era el tajamar.
Si bien el tajamar nos acercaba a un bello elemento....el agua, este árbol nos permitía ingresar en otro.....el aire.
Y las excursiones y las aventuras eran definitivamente aéreas. Y ello conllevaba cierto riesgo y peligro.
Pero como éramos aventureras, allá nos mandábamos sauce arriba a explorar todas y cada una de sus ramas. Increíble, porque parecían todas iguales, pero arriba, cada una tenía un gancho especial y en cada uno de esos ganchos... terminamos enganchadas.
Un día intenté explorar sola. Y ya sabía que la rama finita que salía para el lado derecho permitía que sólo una vez nos hamacáramos, colgadas de los brazos. También sabía que la más gruesa, para el lado izquierdo y al no estar tan presionada por el follaje, nos daba más libertad para las hamacadas, que esta vez no de hamacas....sólo nosotras y agarradas como garrapatas, y haciendo todos los impulsos que podíamos con nuestra corta estatura.
Y allí estaba, completamente virgen, casi oculta, pero desafiante y magnética.
No podría asegurar que no tenía ojos. Tampoco podría asegurar que no la escuché hablarme.
Era una invitación imposible de no aceptar....esa rama era desconocida!!!!
Así que una vez que la tuve bien identificada, bajé y empecé de nuevo la escalada. Un pie en ésta....después otro en aquella...estirarse un poco, intentar no resbalar y la rama nueva a mi altura, es decir, a mi bajura.....pero muy alto las dos respecto del suelo, seguro, que siempre pisábamos.
Y me colgué de ella y me hamaqué, una y otra vez...había que juntar coraje para largarse desde allá arriba. Pero lo hice. Y después de caer agachada, me levanté y ya estaba pronta para otra escalada.
Al día siguiente Gladys y Esther regresaron, como todos los días. Y yo tenía la novedad de la rama nueva.
Como yo ya sabía....subí primero y me encargue de instruirlas.
Me colgué, me hamaqué y me largué al piso.
No me acuerdo si hubo aplausos, pero debería haberlos habido.
Le tocó el turno a Gladys. Ella también era experta escaladora de problemas, así que simplemente se subió al árbol y recorrió el camino que yo había indicado. Se colgó, se hamacó y se largó al suelo. Excelente performance.
Llegó el turno de Esther. Y nuevamente para arriba, ya con dos espectadoras experimentadas en ese tema. Llegó a la rama y... la verdad es que desde arriba el suelo parecía lejano. Pero era imposible que no saltara.
Y saltó.
Y así como saltó, se quedó agachada.
Y nos acercamos para ver que le pasaba.
La novedad fue que, nos dijo....."me hice caca"
Otra vez este bombón fue llevado para adentro de mi casa. Y otra vez mi mamá no sabía si matarnos antes o después de bañarla y darle ropa limpia.
Por suerte la bañó y le dio ropa.
Nosotras seguíamos vivitas y coleando. Y lo que es peor, ya prontas para la siguiente...!
Y, como corresponde, la siguiente llegaba... y todo volvía a empezar.
En homenaje a mi hermana del alma argentina y a Graciela, intento nuevamente darle forma a este blog. Y cuando digo mi hermana del alma argentina, así sin nombre, lo tiene, pero no quiere que sea conocido...ella igual sabe que es mi amiga del alma y en algún lugar del tiempo nos encontramos para ya no separarnos más...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario