domingo, 11 de septiembre de 2011

ABUELO MODESTO

Recordando a mis abuelos, doy vueltas y vueltas....empecé por esas dos mujeres formidables que fueron la madre de mi padre y la madre de mi madre.

La historia de mi abuelo paterno, que no sé si podré plasmarla aquí, es larga y rica por demás. Y sé que quedarán muchas cosas en el peor de los olvidos..

Mi abuelo pertenecía a una acaudalada familia de Paso de los Toros. Allí mismito donde nació el Agua Tónica....Paso de los Toros!

Mi bisabuelo Estanislao era, como muchos en esa época, quien tenía una rastra de cuero rodeando su cintura, repleta de libras esterlinas de oro. Un hombre bello a quien sólo conocí por fotos.

Parecía alto. Delgado, con cabello, bigotes y barbita blanquísimos. Mi abuelo lo veneraba y era su punto de referencia.

Mi bisabuela, de la cual, mi subconciente debe haber quitado su nombre de mis recuerdos, era una vasca francesa, a la cual mi abuelo adoraba.

Éllos tuvieron unos cuantos hijos...como era de esperar.

Al morir mi bisabuelo, fue mi abuelo quien se encargó de administrar los bienes familiares.

La familia tenía una empresa de pompas fúnebres. Así se llamaba entonces...que no creo que hoy.
Como también una empresa de "ramos generales"...de esa época, en donde se vendía de todo....desde zapatos a muebles...desde comida a monturas de caballos...desde alcohol rectificado hasta vino...desde yerba hasta vendas...lo que se necesita allí estaba.

Mi padre y sus hermanos jugaban, a lo Sarah Bernhardt, dentro de los ataúdes. Y allí se reían o asustaban, según fuera la cosa.

Era un tema cotideano que no les creaba ningún trauma adicional.

Por lo demás, mi abuelo y su familia, eran Blancos confesos.

Mi País se movía dentro de la égida de los dos partidos tradicionales.

Políticamente, se era blanco o se era colorado.

Y allá...en esos tiempos de abundancia y prestigio, mi abuelo "enterraba" a cada uno de los correligionarios que moría en el pueblo, como si fuera el familiar más cercano y querido.

Obviamente, sin cobrar el servicio.

Siempre recuerdo los cuentos de mi tía Mirta.

La empresa fúnebre tenía una carroza, definitivamente negra.

No era un Mercedes Benz, ascéptico, lustroso e impersonal, que tiene una pequeña cruz a cada lado.

No...era una carroza, de la época, tirada por dos caballos negros, mágicamente bellos y esbeltos, empenachados también de negro.

Con seguridad, me hubiera encantado haberlos conocido, pero aún sin haberlo hecho, son tan vívidos en mis recuerdos por tantas historias compartidas...que sé que no fue necesario. Siendo tan balanceados, creo haberlos visto, asumiendo su paso de luto, cruzar ese lugar donde vivieron todos los míos, siempre con el mismo destino. Y con el mismo señorío.

Los ví, recorriendo las calles de su pueblo, llevando a su morada final al envoltorio de tantas gentes.

Mi abuelo tenía muchas hermanas. Puntualmente se fueron casando.

Alguno de sus cuñados se encargó de armar un desfalco y mi querido abuelo no se dio cuenta. Ese cuñado y alguien más tuvieron mucho que ver con el Agua Tónica ....debió ser para que el hígado de mi abuelo no explotara, si pagando, hubiera podido tomarla!!!!

Pasó que, firmó balances sin hacer las comprobaciones del caso.

Y donde decía que había tanto y cuanto...sólo eran cajas vacías, que alguno de estos descastados se encargó de dejar así, para incriminarlo.

Mi abuelo pasó a ser familiar no grato. Y mi bisabuela se tomó el trabajo de maldecirlo, como a sus generaciones futuras, por si acaso....

Rezo por ella, para que donde esté, halla encontrado la paz que en vida no tuvo y más que nada, para que "Alguien" le haya mostrado lo que es el verdadero amor.

Mi bisabuelo debió haber merecido una mujer a su altura. Pero bueno...siempre nos pasa que nos empatamos, tantas veces, con quien no debemos. Y aún y así, cumplimos con nuestro deber.
Quienes, como mi padre y mis tíos, se habían criado con su niñera personal, para cada uno de éllos, el cambio debió ser grande y profundo.

Recuerdo cuando abuela Celia nos contaba acerca de las mañana de estos "niños"...

Los levantaban, aún en pleno invierno, y cada uno iba a una tina helada, donde los bañaban. Envueltos en toallas espesas y generosas, los ponías de nuevo en sus camas. Y allí, recién, empezaba el día. Con el desayuno correspondiente.

Cuánta comida chatarra no había, pero cuánto amor...!

Pero abuelo Modesto se vino a Montevideo con su mujer y sus cuatro hijos, a empezar una nueva vida.

Allá tenían también una carpintería. Y tanto mi abuelo, como después mi padrino y también papá, sabían cómo era ese metier..

Y abuelo se instaló con miras a iniciar su trabajo en la City, después de haber sido lo que fue, afuera.....aquí....sin nada....

Existe desde siempre La Liga de Defensa Comercial.

Lo que sería hoy una base de datos de cada uno de los que, integrándola, exponen su trayectoria. Y que brinda información acerca de cualquier persona que intente poner su negocio...

Una forma de hacer negocios en seguro. Razonable por demás.

A esa Liga se dirigió mi bisabuela para que a mi abuelo no le dieran ninguna clase de créditos... monetarios, no,... morales.....mucho menos!

Y hubo un día, que lamentablemente en nuestro colectivo familiar existió, en que mi abuelo escribió dos o tres cartas y se fue.

Su intención era matarse. Gracias a Dios, tuvo el coraje para seguir viviendo. Sé bien que quien se mata no es por corajudo. Ya no es él...

Ya su raciocinio no importa. Y mi abuelo tuvo la valentía para seguir con la vida.

Volvió y las rompió.

Imagino a mi abuela, después de haberlas leído y sin saber a dónde dirigirse.

Empezó una etapa de aceptación del destino que tenían.

Abuelo en su carpintería y abuela modista...cosiendo para señoras acaudaladas, como antes era ella!!!!

Pero con la total humildad de haber sido bien nacida y bien criada. Y además, una modista excepcional.

Mi amor incondicional y mi total respeto para estos dos seres que entendieron que se debía seguir adelante y que no les importó nada. Simplemente lo hicieron.

Claro que me percaté de la vida, por vez primera, en la casa de mis abuelos.

En donde vivo hoy....serán...cuánto mucho, ocho cuadras que me separan de mis primeros recuerdos.

Y de ese tiempo corto podría contar muchas cosas.

Hace poco y en una reunión de amigos, propuse....acordémosnos de lo primero que recordamos, cuando chicos....y fue genial....porque cada uno tenía recuerdos bien diferentes de la etapa en que fue conciente de la vida.

Todo lo que conté esa noche fue motivo de risa. En realidad, no me preocupó en lo más mínimo....en mi caso todo lo que dije es verdad y sé que tengo esas fotografías mentales que no se van con el tiempo. Simplemente me hacen dar gracias a Dios.

Antes de tener un año....hace ya tanto tiempo...estuve en los hombros de mi padrino...aquí, tan cerquita, como no podrían creerlo.

Es en la esquina de donde vivo actualmente. Y allí, en Carnaval, había un tablado.

Con el tiempo corroboré eso y me quedé tranquila. Sé que no invento cosas.

Simplemente las revivo.

Había allí un señor en el tablado....con...ohh..milagro!...un vaso de agua dado vuelta sobre su frente, haciendo equilibrio...sólo eso....

Eso fue, cuando aún, estaba y no, en la casa de mis abuelos....

Allí, vino un quiebre en la vida familiar.

Mis padres se fueron a lo que sería nuestra avícola.

Y mis abuelos y tíos también.

Siempre pasan cosas en las familias. Antes, por determinados motivos. Ahora, por otros bien diferentes. Pero siempre pasan.

Lo que pasó esa vez, tal vez lo cuente, en otro de estos recuerdos.

Pero lo cierto fue que mi abuela y mi tía se volvieron a Montevideo.

Y quedamos en casa... mamá y papá, abuelo Modesto y abuela Teodora, padrino, mi hermana y yo.
Sería tal vez porque Alicia, mi hermana, era pequeñita. Sería por eso.

Pero dejé de dormir con mis padres, para dormir en el dormitorio de mi abuelo.

Ya no era mi cama de nenita. No...esa la ocupaba mi hermana. Que era una nenita...

Ahora tenía una cama grande. Larguísima. Con seguridad, había crecido.

Y demasiadas noches en vela, que siempre tuvieron el mejor de los premios...

Esperar, con abuelo, despierto....el primer canto de los gallos...

El primero era a las 2.45 am

El reloj de pared siempre fue el testigo fiel de lo que les digo. Sonaba a las 2,30...una sola campanada....al ratito ese gallo enfurecido y empeñado en no dormir...y lueguito...al ratito....las tres campanadas...infaltables en esa etapa de desvelos.....

Ahí, venían las historias y los cuentos en bajito. Mi abuelo y yo siempre fuimos compinches de madrugadas desveladas.

Y llegaron tantas noches inolvidables.

Como en 1958, en que.....ganaron los Blancos!!!!!!!!!!

Mi padre llegó, tarde, pero con las noticias frescas que esos hombres nuestros necesitaban. Había ganado el Partido Nacional.

Y levantarnos en la madrugada, para que mi mamá preparara un café que bebimos en compañía y en alegría. Yo, como te supondrás, no entendía nada. Pero era importante también en esa vida familiar tan rica y tan extrema como teníamos.

Y después de tomarnos ese café nos fuimos a la cama con la ilusión de mejores tiempos para el País y para todos nosotros. Por qué será que confiamos y nos sentimos seguros, para luego, abortar de la confianza y hasta dudar de nuestras mejores decisiones?

Ahora me lamento mucho de tantos desvelos actuales, pero caigo en la cuenta de que esto ha sido una constante en mi vida.

Y en medio de esos desvelos, siempre pasaron cosas. De alguna manera, siempre estuve ahí, para armar los líos correspondientes, pero juro que nunca me animó otra cosa que el bien familiar.

Pasaba que los domingos de noche siempre robaban algún animal de los vecinos cercanos.

Nosotros teníamos a Sombra. Una enorme, blanca y suave yegua, que siempre se acercaba a mi altura para que la acariciara. Ahora sé que su caricia para conmigo era mucho más suave que la mía. Un hermoso animal, esbelto y poderoso que siempre anduvo a nuestro lado.

A veces, íbamos con mi madre y con mi padre en una carreta de cuatro ruedas, absolutamente plana y cómoda, tirada por Sombra, a buscar ración para las aves que en casa se criaban.

Era como una excursión. Mi papá, atento a Sombra y dándole las correctas órdenes y mi mamá y yo, sentadas en perezosos, mientras me batía huevos con azúcar y Malta.

Con seguridad sería para que, la flacucha que era, se convirtiera en una gordita fuerte y.......gordita...!!!!!!!!!!! Qué karma!

Y fue en una de esas noches mágicas, que, sin poder dormirme, escuchaba todos y cada uno de los ruidos y silencios que la habitaban.

Y así, escuché, retumbando en el suelo, las pisadas de Sombra, que pasó al costado de la casa. Yo sabía que la habían dejado atada en el frente.

Y como les conté, un domingo sí y otro también, robaban animales de nuestros vecinos. Esa noche era domingo. Y la conclusión a la que llegué, era la única a la que podía llegar.

Se estaban robando a Sombra.

Lío en puerta...

Con Alicia, siempre tuvimos un pianito. Piano en chiquito. De madera, tal vez con 10 teclas, todas pintadas, pero que sonaba como un piano de cola, aunque con la edad que teníamos, no sabíamos lo que era eso.

Los Reyes Magos se encargaban de reponer el que se rompía y con seguridad nunca tuvieron idea de los conciertos que armábamos.

Mis padres y la familia toda, sí.

Esa noche, en medio de la inquietud y oscuridad de la casa, el pianito sonó.

Bueno...eso ya fue demasiado para mí.

Traté de mantenerme en la cama, mi abuelo dormía plácidamente en la suya.

Pero pudo más la curiosidad y el espíritu de servicio. Escribo esto y ni yo me lo creo. Y me muero de la risa. Pero realmente fue así.

La cosa fue que, después de juntar todo lo que pude de valor, me paré en la cama y levanté la cortina de la ventana que había sobre ella.

Afuera, la noche era como el día. Sólo que en vez del Sol, la que alumbraba era la Luna.

Y fue bien fácil ver cómo alguien se llevaba a Sombra, tirando de la cadena que tenía.

Ese no era tiempo de misiles. Y obviamente yo no los conocía.

Pero fue exactamente así como salí de mi cama. Como un misil, que explotó en el cuarto de mis padres con la noticia de que...se roban a Sombra!!!!

A esto me refería con mi espíritu de servicio.

A partir de ese momento, toda mi casa y mi gente entró en situación de desastre.

Mi papá, salió como disparado para afuera, descalzo y en calzoncillos, gritando como poseído.

Saltando sobre las rosetas que había en el pasto. A los gritos...

Mi mamá, corrió a mi cama, se paró arriba de ella y abrió la ventana. Otra poseída, gritando....
Alto....Alto.....Alto...
sería que los bajitos no le iban..?

Mi abuelo, mi querido abuelo, se despertó en medio de aquella guerra y trató de vestirse. Un poco más razonable que lo de mi padre.

Sólo que él, trataba de ponerse los pantalones, pero lo que había agarrado era una campera...una pierna tras la otra, entrando en las mangas...

Una escena definitiva en mi vida. Una locura organizada por mí y actuada por todos como avezados actores.

Solo que, faltaba alguien en todo esto. Mi padrino no estaba.

Obviamente no estaba porque era él, quien, habiendo escuchado las pisadas de Sombra, se había encargado de salir, tocando el pianito en la oscuridad al agarrar su boina, para ponerla atada y segura.

Allí vino otro café familiar y en la madrugada.

Alicia dormía tranquila.

Allí cada uno contó su participación en este, digamos...rescate.

Nadie me rezongó ni se enojó por el tremendo desbarajuste que armé en dos segundos. Y finalmente esa noche me acosté y me dormí rapidito.

Creo que esa noche los gallos se llamaron a silencio.

Aunque abuelo, como siempre, se levantó muy temprano en la mañana.

Sería para ordeñar a las vacas.

Teníamos algunas y el ordeñe era un rito diario y compartido.

Mi abuelo mañeaba a la que ordeñaba. Y traía a su ternero para apoyarla.

La gente de campo sabe con seguridad a lo que me refiero. Pero el ternero, mamaba, y apretaba su hocico contra la ubre para que la leche bajara.

Una y otra vez..

Parecía como que le causaba dolor a su mamá...pero él, impertérrito...como cualquier cachorro que sólo quiere alimentarse.

Eso es el "apoyo". Y después, un chorro de leche en la mano, como para suavizar cada teta...y ordeñar, sentado en un banquito y con el balde debajo de la vaca.

Cuando ya no había mucha más leche, mi abuelo me dejaba la vaca y yo la ordeñaba para nosotras.

La leche pasteurizada y enriquecida con minerales no existía.

Existía, la vaca bondadosa y las gentes, que tomábamos, lo que generosamente nos daba.

Nos habían comprado unos vasos grandes, templados, y en éllos, yo, directamente ordeñaba una teta y se lo daba a Alicia o a alguna de mis amigas. Allí, tomábamos leche al pie de la vaca. Espumosa y calentita. Y además, varios vasos.

Al cabo de la vida he comprendido que la leche es para los terneros. O para los cachorros. O para los bebés.


Nunca ví a un elefante adulto tomando leche.

Los hombres, insistimos en ir contra la Naturaleza.

Pero no seré yo quien se desdiga. La leche....para los terneros!

Nunca ví a un buey tomando leche...será agua o whisky...leche, jamás!

Y así como abuelo tenía sus vacas, también tenía su quinta.

Debía ser, algo así, como media hectárea. Tal vez menos.

Pero qué maravilla!!!!

No había lo que no hubiera en ella. Todo grande, hermoso, si verde, verdísimo...si rojo....hubiera sido la bandera exacta del Comunismo....perdón Abuelo...

Y sus lechugas, o sus habas, las arvejas, los tomates, zapallos y papas...todo se podía comer casi ahí. Las arvejas, tan pero tan dulces...los tomates deliciosos....

Andábamos siempre armadas con sal...un pequeño paquetito..en cualquier bolsillo...y no había tomate o morrón que se resistiera. Claro, rendir cuentas después era un poco duro. Pero nunca nos importó eso.

Arando esa quinta, en un día de calor feroz, abuelo mató a Sombra.

Ella hizo demasiado esfuerzo y después...sudada, tomó demasiada agua.

Saber, siendo muy chica, que esa maravilla que integraba mi familia ya no estaría, fue algo muy fuerte para mí.

No sé cual sentimiento podría sentir con esa edad. Si debiera definirlo hoy, diría que fue odio.
Mortal. Ciego. Irracional. Duro.

Con seguridad fue uno de mis primeros dolores frente al perder a alguien que amaba.

Pero pasando el tiempo...cómo sentir odio por mi abuelo?

Era un hombre inteligente. Conocedor de cosas y maneras. Al que le tocó vivir en la abundancia completa y en la completa restricción.

Un hombre con cabeza abierta. Siempre informándose. Siempre tratando de saber más.

Ahora reparo que, al menos mi padre y mi padrino, heredaron eso de él. Y con seguridad mi otro tío también. Sólo que en esos años no compartí con él demasiadas cosas.

Y no saben cuánto disfrutaría, haber heredado la milésima parte de ese afán.

Claro....ese saber también trajo sus complicaciones.

Eran hombres de ciudad viviendo en el campo. No eran, ninguno de éllos, como tantos de esos seres anónimos, que no por ello dejaban de ser valiosos, que vivían y morían en un paraje, sin saber nada más y sin reconocer como propia, cualquier otra tierra que no fueran su campo de cultivo o de crianza.

Mi casa era un reservorio de la política nacional. Y las discusiones que se armaban entre estos tres blancos terminaron con tantas comidas familiares y muchas veces con la paz familiar.

Aún y así, reconozco como una bendición personal todos esos líos.

Muchos de éllos fueron en nuestra nueva chacra.

Alicia y yo ya vivíamos en Montevideo. Yo, haciendo por segunda vez el sexto año y ella tal vez, entrando en el cuarto año.

Eso significó que cada fin de semana volvíamos a nuestra familia y a nuestra chacra.

Y mi hermana tironeaba de mi mamá en el momento preciso en que estos hombres empezaban con la discusión fuerte...generalmente sobre la política nacional, pero cualquier mosca que hubiera perdido su norte, causaba el mismo efecto y la misma virulencia...

Me resulta increíble que siendo tan inteligentes, todos, fueran tan poco tolerantes.

Pero fue mi gente y he aprendido a no cuestionar y a sí aceptar cómo somos o hemos sido cada uno de nosotros.

Abuelo era de esas personas que creía que abrigándose, el horrible calor de algún día veraniego, no le llegaría.

Sería musulmán....?

Y allá andaba ese hombre bajito, vestido como de invierno en cada día de calor que parecía la antesala del infierno.

Y un día empezó a enfermarse. Tenía, como todos los hombres de la casa tuvieron después, problemas de próstata. Lo de él no era cáncer. Una glándula agrandada empezó a impedirle orinar.
Y un día le colocaron una sonda. Paso previo a una operación.

Se internó, pero tuvo una gripe feroz.

Lo desinternaron y lo mandaron para casa...la casa de mi abuela...hasta mejorar lo suficiente y que esa gripe se fuera.

Así pasó y nuevamente volvió al Hospital.

Eran los últimos meses de 1970.

Y recuerdo claramente las conversaciones con los médicos acerca de su claridad mental y de sus ansias de cambios.

Mi abuelo, siendo como fue, blanco de pura cepa....los blancos que lean esto saben a lo que me refiero, manifestaba la necesidad de que en el país se creara una fuerza nueva que rompiera la hegemonía de los partidos tradicionales.

Esa fuerza nueva se fundó en 1971. Fue el Frente Amplio, y abuelo no estuvo aquí, para verla.
Lo cuidábamos. Es decir, se supone que los que lo cuidaban eran los médicos. Nosotros lo acompañábamos.

Y allá vinieron días y noches en el hospital. En una sala de Urología, en donde todos los pacientes eran hombres, casi todos, viejos.

No había demasiados enfermeros o enfermeras en la noche.

Y abuelo se dormía tranquilo, con seguridad, antes de su operación.

Y allá andábamos, mi hermana y yo, acompañando a esos viejos solos. Y mi tía Mirta, que se encargaba de tantas afeitadas y proligeadas.

De noche era más tranquilo.....bueno, si se puede decir así. Calentarles una taza de té, poner o sacar un violín....que obviamente no era un Stradivarius...y alguna palabra cálida, o amorosa, o una caricia...qué tremenda pena la soledad de la vejez abandonada...!

Llegó el día en que operaron a abuelo Modesto.

Y allí no había que luchar contra un cáncer. No.

Su operación fue perfecta y el tajito en su panza era minúsculo y creo que al día siguiente lo curaron y lo dejaron al aire....el tema fue bien otro.

Ahora se llama Mala Praxis.

En ese momento, a mi abuelo, le dieron demasiada anestesia.

Y por ello, hizo un paro cardíaco e infartó.

Y el diagnóstico fue muy claro. Un nuevo infarto y no resistirá.

Y así pasó una nochecita en que mi papá había vuelto de estar con él y se había acostado.
Sonó el teléfono y me dieron la noticia de que mi abuelo se había ido.

Despertar a mi papá, y decirle, para que él, a su vez, le dijera a mi abuela, fue bien duro.
Yo no entendía nada, como antes, cuando era muy chica.

Era temprano en la noche y tuvimos al envoltorio de mi abuelo, al otro día, en la mañana, ya medio tarde.

El velatorio fue corto.

Y allá nos fuimos a acompañar su envase, para que quedara, en el nicho de sus cuñadas.

Y con total certeza, no quedaron allí nuestras noches desveladas.

Tampoco quedaron allí las consuetudinarias peleas con mi padre.

No quedó allí su tierra, amorosamente cultivada, que fue su compañera y la conoció tanto, como para extraerle las más tiernas, dulces, olorosas y coloreadas verduras.

No quedó allí el amor que tuvo por sus padres.

No quedó allí su gentileza. Verlo, caminando y de traje, levantar su sombrero para saludar a alguien, es algo que es imposible de olvidar.

Tampoco quedaron allí sus furias políticas ni las discusiones que tanto presencié.

Nada de su esencia quedó encerrada en ese pequeño lugar, oscuro y triste.

Todo esto lo entendí pasando el tiempo.

Ese día al volver de su sepelio, esta vez sin caballos negros y sin penachos de luto, llamó una amiga muy querida, que mi abuelo adoraba.

Le había pedido que lo fuera a ver al Hospital. A ella no le iban los hospitales.

Y cometió el peor error de su vida, aunque sé que tuvo muchos, como cualquiera de nosotros.

Me preguntó por Abuelo.

Uno, luego, sabe de las injusticias que comete.

Y uno siempre aprende quienes son nuestras personas afines, las que entran en nuestras vidas, sin saber cómo ni por qué. Para quedarse o para salir...pero, todas, necesarias.

Ese día ella consiguió, con ese simple acto de irresponsabilidad, que yo diera rienda suelta a mi dolor.

Sabía que mi abuelo había sido traicionado. Pero traicionado por una persona muy querida para él.
Si bien, ese fue el punto final de mi amistad con ella, con los años, la pude llamar simplemente para decirle, que la perdonaba y me perdonaba.

He sido un juez muy duro. Siempre.

Y sin deber hacerlo, he juzgado.

Pero siempre he podido pedir perdón.

Lo único que puedo decir en mi descargo, es que, con la persona que he sido más dura y más cruel, es conmigo.

He sido la peor persona a la cual me he enfrentado, pero siempre pienso, que amo lo que he sido y soy, como para perdonarme, sin culpas.

Así que mis "juicios en contra de..." siempre se solucionaron... en a "favor de...."

Igualmente, esta persona que me hizo doler tanto, fue una simple estrella fugaz al lado del universo que fue mi abuelo Modesto.

Ése, que teniendo once años, aprendió a fumar cigarros armados con barba de choclo. Y al que nunca ví, en mi vida, con un cigarrillo en la mano.

Y yo, que soy sólo tía, me siento emparentada con su tía Brígida, mujeres pioneras si las hubo, que fue quien armó esos cigarritos para que sus sobrinos empezaran a vivir la vida de adultos que nos enseñaron.










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