domingo, 4 de septiembre de 2011

COLITA


Se había ido, y muy mal, la querida Chiquita.

Mi mamá ya había abortado de amores perrunos para siempre.

Había sido mucho el dolor y el sufrimiento de ella y de mamá, juntas.

Y había un duelo por elaborar y por respetar.

Pero cuando se hace un vacío, generalmente, tiende a llenarse.

Y nunca falta alguien que tenga con "qué" llenarlo.

Y después de algunas conversaciones, algunas deliberaciones, la seguridad que
era de una raza importante y todas esas menudencias....aterrizó en casa esa cosita deliciosa y pequeñita que adquirió el nombre de Colita, de la mano de nuestros primos queridos, ésos, que con el tiempo se llevaron al famoso Negro, dueño y señor de tantos desaguisados y de todo nuestro amor.

Así que, un sábado a la tarde, familiar y cálido, aunque era invierno riguroso, llegaron trayendo a algo que casi no se podía ver.

Cachorra, pero cachorrita, pero además minúscula.

Conseguimos en el famoso galpón de las guardadas varias, también de recuerdos, una canasta que había sido una canasta de Navidad, regalada.

Locos de alegría la entramos a la casa y sin saber cómo ni por qué, Colita se zambulló literalmente en ella. Claro que la canasta le sobraba por todos lados..y así fueron muchas las fotos que sacaron nuestros primos. Nunca las vimos. Pero les aseguro que cada flash quedó grabado en mi memoria y a partir de ese día un nuevo integrante pasó a ser parte de la familia.

Era de verdad muy chiquita...y muy graciosa.

Nos sentábamos a la noche en torno a la estufa a leña y esta tremenda atrevida quería jugar con las astillas que luego, puntualmente, se quemarían dándonos el
otro calor....el verdadero ya lo teníamos compartiendo con la familia.

Una noche...son esas fotografías que te quedan indelebles en la memoria y en el corazón...ella quería subirse a un sillón con una astilla en la boca.

Para empezar, la astilla era más grande que ella y el sillón..el triple de alto.

Entonces mi querido padrino puso en el suelo un almohadón. Resultó ser un escalón salvador para Colita.

Ver los trabajos que pasaba, con su astilla amiga, para subir al sillón, nos llevaba buena parte de la noche.

Pero era laboriosa y lo intentaba. Y alguna que otra vez lo lograba. Verla, con aquel "palito" enorme en su boca, tironeando, resoplando...lograr subir ese escalón inventado...y verla, finalmente, llegar al sillón con su astilla era una delicia incomparable. Creo que ella, en su mente de perro, pero también en la mente Universal, sabía que había cumplido su cometido y lo disfrutaba mucho más que nosotros. Y allí se quedaba, disfrutando de los mimos que le llovían de todos lados y de su inseparable amigo palo....recostándose, durmiendo arriba de él, un poco en las manos de mi mamá...otro poco arriba de las piernas de padrino...

Esta Colita era quien, día a día, esperaba a mi padrino después de sus vueltas por el barrio. El almacén, la cantina....salía, siempre a determinada hora y se acostaba, perdida entre los pastos, esperándolo. Y él, puntualmente llegaba. Y allá entraban los dos a la casa.

Supo compartir la cama con sus amos. Era chiquita y más que nada, como una bolsa de agua caliente, pero viviente!!!!

Igualmente, llegó la hora de bajarse de la cama. Ya era grande. Pero dormía al lado de éllos, en el suelo, en una cama que hubiera sido la delicia de tantos niños....

Cuando hacía siete años que estaba en casa vió, un día, a padrino irse para visitar al médico.

Ya nunca lo volvió regresar. Pero ella se sentaba cada día entre los pastos para saber si volvía.

Y llegó el día en que ella también debió marcharse. Junto con mi mamá, a una nueva vida en la ciudad.

Las alegrías del pasado, la libertad del campo, la seguridad de una casa propia, el saber que padrino, cada noche, jugaría con ella, todo...todo se había perdido.

Pero ella aún sigue contenta, más vieja, con alguna dolencia...pero sabiendo desde siempre que ocupó un lugar de privilegio entre mis gentes.

Y mantiene su docilidad. El reconocimiento a todos los que hemos estado a su lado.

Confinada a un espacio pequeño, pero, sé, desde adentro, siempre con el mismo agradecimiento al amor que le ha dado, entre todos, mi madre.

Y sabiendo las dos, que perdieron mucho, también saben las dos, que se han amado, que aún se tienen y que el tiempo que han pasado en compañía, ha sido bueno.


Y que todo comienza de nuevo, cada mañana....

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