lunes, 19 de septiembre de 2011

ESE REFUGIO, MÍO...


Una casa muy blanca, la tuya

Unos brazos tiernos, seguros

La sonrisa amplia, la lágrima gorda

El pasto cortito, las flores brillantes.

Los pájaros libres, cantando, volando

El inmenso cielo, la luna alumbrando,
el sol calcinando, la lluvia aplacando

La Naturaleza como en borbotones
instando a la vida, alejando el llanto

Y en medio de toda esta fiesta grande,
del vivir gozando, del sufrir amando

Tu mano, tan cálida, redonda, querida,

con ese perfume del hacer las cosas,

tu mano, mi mano, mi almohada, mi nido.

(Así fue siempre el hogar que mi madre supo construir.
Allí nos refugiamos los propios y los ajenos,
porque esta mujer siempre tuvo lugar para amar a uno más
y fue una bella manera de aprender el amor)

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