Al pasar de los años pienso que nuestra casa fue bendecida con la llegada de animales que sabían lo que tenían que hacer para mantenernos al pendiente.
Cómo Pirula llegó a casa, no me acuerdo. Todos los mayores eran muy bicheros y siempre se descolgaban con alguna de estas “adquisiciones”...
Era una perra Doberman pero a la que no le habían cortado ni sus orejas ni su cola...es decir...era una Doberman de entre casa, sin pedigree.
Igualmente, el color maravilloso de su pelo y la plasticidad de su cuerpo te decía a las claras que no era un perro...marca perro. Con seguridad, era un perro que iba a más....
Ella se encargó de alegrarnos más con sus cachorros.
Y aquella perra y su cría andaba siempre en la vuelta.
Tan en la vuelta, que cuando íbamos, al regresar, puntualmente se encargaba de acompañarnos a la carretera.
Ese triste día pasó como siempre. Nos acompañaba hasta la ruta acompañada de sus cachorros que ya no eran chicos...grandecitos, alguno más que otro.
Por más que la mandábamos de vuelta a la casa, ella no hacía caso. Será que el libre albedrío vale para cualquier ser vivo?....Pienso que sí.
Mientras esperábamos que viniera el ómnibus ella y la cría iban y venían...cruzaban ese camino....hasta que allá, a lo lejos...vimos que venía el ómnibus que me traería de nuevo a las obligaciones cotideanas.
Delante del ómnibus una camioneta blanca, a demasiada velocidad.
Y pasó lo que era previsible.
Se llevó por arriba a todos los cachorros que quedaron lastimados y sangrantes pero con la fuerza suficiente como para salir de ese lugar diabólico.
El ómnibus llegaba. Y mi mamá y yo no sabíamos qué hacer con todo aquel desastre.
Subí al ómnibus. Saqué el boleto y ví como...cada vez más lejos mi madre trataba de ver dónde estaban y cómo estaban.
Viajé dos o tres kilómetros y me bajé. Y esperé un ómnibus de regreso.
Al llegar de nuevo al punto de partida, ya mi padrino venía con una carretilla para juntar los despojos de aquellos lindos animales heridos y asustados.
Se llevó a uno en ella. Los demás no aparecían.
Fue una tragedia.
Volví a mi casa en la ciudad y todo siguió, como siempre.
Mi mamá y mi padrino recorrían todo el lugar buscando a los perritos que no habían aparecido.
Y de nuevo la magia.
Entre los pastos altos escuchaban algunos quejidos. Buscaban y así apareció el segundo....destrozado y famélico, pero definitivamente salvado por ese amor incondicional que les teníamos.
Luego apareció el tercero.
Día a día...con mucha leche y aspirinas....se fueron fortificando y aliviando. Y de nuevo Pirula con sus perros en la vuelta....dando trabajo, pero definitivamente y por derecho propio, dueña de todo nuestro amor.
Pasó mucho tiempo con nosotros.
Pero llegó esa fatídica tarde de sábado. Yo ya había regresado, como todos los fines de semana.
Mamá y padrino trabajaban.
Una tormenta feroz se fue armando.... los truenos retumbaban y los relámpagos alumbraban en medio de la oscuridad del mediodía.
Estábamos con mi abuela en casa.
Vimos cómo Pirula se enloquecía.
Alguno de esos seres negros que nos rodean había conseguido su cometido...la habían envenenado.
Ver a aquel hermoso animal desquiciado...reaccionando desde el terror a cada fogonazo, es algo que nunca olvidaré en toda mi vida.
Aullaba...se quejaba, la expresión de desesperación....buscó abrigo.
Se metió en el grande galpón en el que teníamos con de todo. Máquinas, muebles, papeles...herramientas.
Yo miraba aterrada por una ventana que, en muchas oportunidades, me permitió ver muchas cosas....hasta la pasada del Haley....medio lejana, a las 3 de una mañana en donde el sueño, habrá sido, con seguridad, quien me permitió ver tanto!
Entonces mi mamá y mi padrino llegaron.
Mi abuela y yo encerradas, pero con la justeza de avisarles por una ventana lo que había pasado.
Cuando fueron a verla...ya agonizaba
Y de nuevo el amor para envolverla en algo de la familia. Cavar un foso. Y dejar que allí descansara para siempre.
Al irnos definitivamente de nuestra casa, quedaron allí tantos de nuestros perros!
Ellos saben que era nuestra casa por más que luego nos la estafaran. Y mi corazón, ya no dolido, vuelve una y otra vez a ese tiempo maravilloso en que era tan fácil compartir con nuestra familia y nuestras sombras....una a una se hizo importante y querida...y pasaron a ser esas cosas de nuestro pasado que no queremos cambiar.
Una hermosa y feliz niñez y los perros de cada etapa de nuestra vida hacen que hoy no tenga demasiadas cuentas pendientes.
Sí veo que, estos seres “condicionados” ...lo siento mucho Pavlov...siempre nos acompañaron y siempre...siempre...nos devolvieron el mismo amor que les dimos.
La lealtad la aprendí de mis mayores...y con total seguridad también de nuestros perros. Tal vez por eso, éllos sean tan importantes para mí.
En homenaje a mi hermana del alma argentina y a Graciela, intento nuevamente darle forma a este blog. Y cuando digo mi hermana del alma argentina, así sin nombre, lo tiene, pero no quiere que sea conocido...ella igual sabe que es mi amiga del alma y en algún lugar del tiempo nos encontramos para ya no separarnos más...
Que estupendo relato. Tu juventud debio de ser muy interesante. Como admiro tu memoria, poder recordar menuciosamente tantos detalles. Yo no podria escribir algo asi, poco recuerdo de mi mocedad y quizas sea porque no fue o porque quizas no soy tan apasionante.
ResponderEliminarSolo soy un ferviente seguidor de tus narrativas, Benjamin