Debe haber sido nuestra perra luchadora. La que levantó la bandera de la desigualdad y anduvo revoleándola, sin importarle consecuencias ni pedir permiso para eso.
Con seguridad, ella debe haber sentido la discriminación, mucho antes de que fuera una palabra tan usada en nuestros días y más que nada, un sentimiento que campea en tantos ámbitos.
Era muy pequeña. Pero no por ello, incompleta.
Y como los extremos siempre marcan presencia, esta nadita que andaba perdida, allá, en el suelo de la casa, vino a enamorarse....ayyyyyy...de un perro mucho más grande que ella.
Y si los humanos somos capaces de una picardía...por qué no Pinky sería capaz de cometerla...?
Y después de aquella broma, ella y Bochín se echaban a la sombra del ombú a esperar que pasara el tiempo correspondiente para ser realmente, padres.
La historia de los dos la he contado cuando hablé de él.
Pero esta Pinky debía, al menos, tener un relatito.
Allá quedó también, como tantos de nuestros perros, abrigada para siempre por nuestro amor y en el exacto lugar donde debía estar.
En homenaje a mi hermana del alma argentina y a Graciela, intento nuevamente darle forma a este blog. Y cuando digo mi hermana del alma argentina, así sin nombre, lo tiene, pero no quiere que sea conocido...ella igual sabe que es mi amiga del alma y en algún lugar del tiempo nos encontramos para ya no separarnos más...
Ciertamente, quien no tuvo un perro no sabe realmente lo que es una leal amistad.
ResponderEliminarBenjamin