En homenaje a mi hermana del alma argentina y a Graciela, intento nuevamente darle forma a este blog. Y cuando digo mi hermana del alma argentina, así sin nombre, lo tiene, pero no quiere que sea conocido...ella igual sabe que es mi amiga del alma y en algún lugar del tiempo nos encontramos para ya no separarnos más...
viernes, 9 de diciembre de 2011
HABEMUS PICHONES!
Después de una semana volví al trabajo.
Una semana dura, con subidas y bajadas, igualita a una montaña rusa, como cuando eres chico.
Ahora, de grande, ni siquiera se me ocurriría. Pero de jóven...claro que andaba volando por los aires, creo que sin mucho donaire, pero volando...y feliz.
Pasó que después, en una etapa de mi vida, y muy a riesgo de que piensen que estoy para internar, yo creía que volaba.
Era una sensación tan cierta, tan veraz, que cuando lo comentaba veía las caras de los demás...angustiadas...pero mucho!
Pero yo seguía feliz y absolutamente convencida de que volaba.
Será que era sólo una ilusión...?
No creo.
Pero yo veía, desde donde vivía, a las golondrinas desde el lomo y no desde la panza.
No las veía desde abajo. Las veía y lo que es más, las veía desde arriba de éllas.
Tal vez eso creó mi realidad. Nunca pensé que era una ilusión.
Y deben haber sido muchos los días en que las acompañée, cuando con ese vuelo inconfundible y un piar menos inconfundible aún, volvían en cada primavera para anunciar que la vida aún seguía, que resurgía, que continuaba...inalterable, como el primer día y que su nido era el que habían armado antes de irse, pero para volver.
Sólo una vez me indicaron una desgracia por venir.
El 21 de Junio del 2003, día en que el invierno empieza a reinar en el hemisferio Sur, salí al patio de mi casa. Un día gris y ya de casi lluvias. Sentir su canto, como cuando vuelan, me llevó a no dudar de que andaban volando y sí...volaban por sobre mi patio el mismo exacto día en que empezaba nuestro invierno.
Sentí una angustia grande. Un dolor fuerte en el pecho. Una sensación de que algo no andaba demasiado bién. Nunca imaginé que mis amigas, las golondrinas, me estuvieran anunciando la muerte de mi padrino.
El enfermó ese 31 de Julio y el 29 de Agosto se había marchado de nuestro lado visible.
Éllas que me han dado tantas y tantas alegrías, esa vez, vinieron, tan fuera de fecha para decirme que alguien que amaba profundamente se iría.
Ahora están de nuevo entre nosotros. En el hemisferio Sur. Las veo desde Julio pero ya no me dan miedo. Hemos hecho tanto para cambiar el clima que no dudo que éllas, viajeras incansables, traten de llegar a los lugares donde pueden encontrar un poco de protección. Y sé que aquí es un buen lugar para vivir.
Lo del título nada tiene que ver con ellas, como ya habrán entendido.
Las palomas que anidaron en el árbol que está enfrente a donde trabajo...finalmente han tenido sus pichones.
Y después de una semana exigida junto a Morena, fui de nuevo a trabajar porque alguién me brindó la tranquilidad para hacerlo.
A ver...quién sino mi amiga de la infancia, con la que vivimos casi juntas, compartiendo todo...los juegos, las caídas, los rezongos..pero todo...las buenas, las malas, el acercamiento desde casi la cuna, el alejamiento por el que no nos entendemos los humanos... pero Esther, mi comadre, la madre de mi primer ahijado, se vino ayer para cuidar a Morena y para hablarnos todo y para reirnos y para llorar, porque la vida ha pasado y nos ha pasado a nosotras.
Así hoy pude ver que el nido que tanto me ha preocupado y que si seguía quieto con seguridad iba a dar a luz a un elefante, tiene, al menos....un pichón.
No puedo asegurar que no sean dos. Necesitaría un telescopio en cada ojo para poder asegurarlo.
Pero mis palomas, finalmente, tienen una vida diferente en el nido.
Y así, mi vocación de vuelo está nuevamente intacta.
En pocos días esos glotones habrán exprimido a su madre paloma, que tanto hace para ponerlos fuertes y seguros..algo así como hicieron con nosotros, cuando la vida empezó.
Por eso y por tantas otras cosas, yo no puedo confirmarles ahora, que no vuelo...
Es más, sé cierto que puedo hacerlo.
Y ninguna ilusión terrenal va a poner en tela de juicio mi realidad.
Soy un animal más, igual que las palomas.
Ellas caminan....por qué yo no puedo volar?
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