En homenaje a mi hermana del alma argentina y a Graciela, intento nuevamente darle forma a este blog. Y cuando digo mi hermana del alma argentina, así sin nombre, lo tiene, pero no quiere que sea conocido...ella igual sabe que es mi amiga del alma y en algún lugar del tiempo nos encontramos para ya no separarnos más...
lunes, 15 de agosto de 2011
CONGO
A veces me resulta difícil bucear en los recuerdos, encontrando a esos animales que siempre estuvieron presentes en mi familia y en mi casa.
CONGO, con ese nombre corto pero contundente, nació en casa. No me acuerdo quién fue su madre, pero de chiquito lo usábamos de muñeca para jugar. Y allá andaba el Congo envuelto en rebozos y trapos, inquieto ante nuestra intención de hacerle "nono".
Obviamente, él no quería dormir.
Pero eso nunca nos importó demasiado....lo acunábamos como a un bebé de verdad.
Esos eran nuestros juguetes más queridos. Y siempre sufrieron nuestros instintos maternales con estoicidad.
Negro, gordito, con el pelo bien corto. Algo tenía de marrón también.
Mi casa estaba cercada de tierra y de pasto. Pero delante de la puerta principal había unos losones de mármol que nunca supe cómo llegaron ni cuál fue su destino final.
La gente jóven de la casa, esto es, mi papá, mi mamá, mi padrino y mi tía tenían en Montevideo, unos vecinos, amigos y jóvenes también.
Ellos iban algún domingo a pasar con nosotros.
El "Macho" Rivero era uno de esos amigos. Era fotógrafo. E infinidad de esas fotos pequeñitas, en blanco y negro que documentan todo ese tiempo, fueron sacadas por él.
El Macho y el Congo quedaron para siempre unidos.
Una foto de este perro, en la puerta de casa, frente a esos losones y tomada desde atrás, ganó una bienal en Sao Paulo.
Se llamaba "La espera".
Pasando el tiempo, un día, caminando por 18, veo en una Óptica esa foto inconfundible. Un poster en una pared tenía al querido Congo en aquel momento mágico de mi niñez.
Y fueron tantos los sentimientos entrelazados, tanta la euforia y tanta la timidez, que seguí mi camino sin preguntar. Y fue tanto, luego, el arrepentimiento.
La Óptica ya no estaba en ese lugar y con su desaparición, desapareció esa matriz que quedó para siempre en mis retinas y en mi corazón.
Por algún lugar, anda, familia previsora ésta en rescatar pasados, un artículo de "El País" amarillento por el paso de los años. Allí todos los créditos para nuestro amigo fotógrafo y para nuestro querido perro-muñeca.
No sé si está entre papeles viejos de mi padre o si mi mamá la conserva. Me comprometo ante mí a buscarla definitivamente y a tenerla como un recordatorio de esos tiempos ya lejanos pero que tuve el placer de vivir en la completa libertad que nos daba el campo.-
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario