jueves, 26 de enero de 2012

YO NO LA HABÍA OLVIDADO











Y ella tampoco se había olvidado de mí.

Después de que empollara la vez anterior, pensé que la vería de nuevo en su nido.

Diciembre, con la operación de Morena, y por todo lo demás, fue un mes complicado para mí.

El último día que vi el nido fue el 29.

Algún día antes ya la paloma había regresado a juntar ramitas y no fue una sola vez que la vi.

Ella se apoyaba en un bello arbolito llamado Ramo de Novia. De flores pequeñitas, siempre temblando, tal cual como si una novia las tuviera en su mano y con los nervios del momento.

Volví en Enero.

Y allá estaba de nuevo mi paloma amiga, otra vez en su nido reconstruído.

Ayer no la vi. Pero hoy de nuevo allí estaba.

Querría poder estar un poco más arriba del suelo para ver qué cosa pasa en su nido. Pero obviamente, ha tenido de nuevo pichones.

En la mañana el sol da en mi cara y ver es casi imposible. De tarde, veo un poco más y la veo pero es imposible adentrarme en su nido.

Y está bueno que sea así.

De alguna manera esta paloma me está enseñando la discreción que debemos tener con la vida que nos rodea.

Y si bien ella me ha compartido su vida en estos últimos meses también me ha mostrado que hay intimidades que no se deben violar.

Por lo demás, sé que esta hermana menor, así como mi Morena, me admiten en su existencia.

Y esto para mí no tiene precio. Tiene el inmenso valor de hermanarme con cada criatura que habita esta Tierra nuestra, de todos.

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